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2007/01/21

> Saiakera: GAYS Y LESBIANAS. VIDA Y CULTURA > HISTORIA DE UNA IDENTIDAD

  • Historia de una identidad
  • Varios historiadores abordan la evolución de la cultura gay y lesbiana, así como su consideración religiosa y social a lo largo del tiempo
  • La Voz Digital, 2007-01-21 # Gerardo Elorriaga

Se les llamó sodomitas y también dijeron de ellos que practicaban el amor griego, les tacharon de invertidos y recibieron la extraña denominación de uronianos. Fueron expresiones, a menudo despectivas, que se aplicaron a aquellos hombres y mujeres que mantuvieron relaciones eróticas con individuos de su mismo sexo. “Gays y lesbianas. Vida y cultura” (Nerea) aborda la repercusión pública de dicha forma de amar a lo largo de la Historia, las manifestaciones creativas vinculadas a un específico tipo de deseo y también su conflictiva relación con el poder. Esta obra, dirigida por el historiador australiano Robert Aldrich, incluye 14 ensayos de otros tantos autores. Los análisis apuntan criterios cronológicos y la diferente repercusión en áreas geográficas, pero también la relación del fenómeno con los grandes hitos humanos.


Más allá de connotaciones peyorativas y otros juicios, la terminología empleada expresa la diversa interpretación experimentada a través de los siglos y que este libro de afán enciclopédico analiza en profundidad, desde la perspectiva social, política y estética.


La exposición parte de la Antigüedad grecorromana, una época en la que las prácticas sexuales no se hallaban socialmente penalizadas, incluso algunas tan polémicas como la pederastia, ya que se relacionaban, a menudo, con procesos de aprendizaje vital y conocimiento. Además de la amistad de Alejandro Magno y Bagoas o la mítica de Zeus y Ganímedes, el Banquete de Platón testimonia esa reflexión desprejuiciada sobre el Eros y la Iliada de Homero habla de la especial amistad entre Aquiles y Patroclo durante la guerra de Troya.


Aunque las expresiones artísticas suelen remitir a un ámbito exclusivamente viril, los poemas de Safo también contemplan el amor entre mujeres y Lesbos, la isla de la que proviene la poetisa, le ha dado nombre universal.


En la antigüedad
La visión idílica de Atenas y Roma como espacios de libertad perdura en el tiempo hasta convertirse en paradigma para quienes aspiran a superar el estigma de la diferencia y las frecuentes situaciones de opresión. Por contra, la expansión en el Medioevo de las religiones monoteístas, tanto el cristianismo como el Islam, está asociada a la persecución de la disensión en la fe y el gusto sexual, con el empleo de la tortura y a la ejecución como pena habitual.



El Renacimiento alentará corrientes de pensamiento como el neoplatonismo y filósofos como Erasmo de Rotterdam, que exaltan los sentimientos entre amigos, siquiera en el reducido ámbito de los círculos intelectuales. Estas minorías escaparán al castigo de la sodomía, el crimen nefando que remite a la ciudad bíblica. A partir de ese período, la representación plástica también recurre a mitos paganos o iconos cristianos, como el sacrificio de San Sebastián, para plasmar imágenes de intenso erotismo.



A pesar de su hálito renovador, la Ilustración no es ajena a los prejuicios, sólidamente establecidos en una opinión pública que asociaba esta orientación con comportamientos pervertidos, considerados contrarios a la moral pública y la conservación de la especie.



El pensador alemán Emmanuel Kant aseguraba que «deshonraban a la Humanidad». Sin embargo, la obra recalca que la proliferación y creciente visibilidad de las subculturas homosexuales en el siglo XVIII atrae la atención de la ciencia y se convierte, un siglo después, en una presencia ineludible en el ámbito urbano, dotada con lugares y códigos propios, a pesar de concitar el espanto burgués.



La creencia en la naturaleza casta o asexual de la mujer, su reclusión doméstica o la marginación de la relación entre ellas, evitaron las mayores persecuciones. Las referencias al amor imposible o pecado silencioso atestigua su escasa o irrelevante consideración para los guardianes de la ética.



Tiempo de cambios
Los cambios que anteceden la realidad contemporánea se inician a finales del siglo XIX. La investigación médica, las primeras movilizaciones y la demanda de revisión de las leyes coinciden en el tiempo. En una carta al ministro prusiano de Justicia, el escritor húngaro Karoly Maria Kertbeny solicita la despenalización de los actos antinaturales y utiliza, por primera vez, el neologismo homosexualidad.



El debate llega a primer plano con el juicio de Oscar Wilde por su relación con lord Alfred Douglas. Si bien su condena atestiguó la consideración como vicio y delito, también alentó iniciativas a favor de su despenalización como el movimiento impulsado por el alemán Magnus Hirschfeld. Su vindicación se apoyaba en el aporte documental y una intensa labor educativa que contó con el apoyo de Thomas Mann, Zola, Tolstoi, André Gide o Isherwood.



En el período de entreguerras, el clima de laissez faire de París y, sobre todo, de la bulliciosa Berlín, permite el apogeo de clubes donde se relacionaban homosexuales y travestidos, lugares de moda que permitían encuentros de muy diferentes orígenes. En ese ambiente surge una literatura específica que critica la educación puritana y la represión, y preconiza el amor por encima de las convenciones y las clases sociales. Es el germen de novelas como la emblemática Maurice, de E. M. Forster. También se producen las primeras películas que abordan la temática homoerótica, como Diferente de los demás (1919) o Chicas de uniforme (1931). La identidad lesbiana también se beneficia de la aparición de sus propios cenáculos, algunos tan prestigiosos como los que frecuentan las escritoras Romaine Brooks, Gertrude Stein, Djuna Barnes o Tamara de Lempicka. Pero el nazismo puso el contrapunto trágico a esa libertad. Unos 15.000 prisioneros portaron la ignominiosa estrella rosa que los convertía en parias entre los encarcelados en los campos de exterminio. Curiosamente, el comunismo ruso, que había despenalizado su conducta, volvió a reprimirla alegando cierto origen fascista.



Tras la Segunda Guerra Mundial y hasta la actualidad, el activismo gay ha seguido un recorrido similar al de otros movimientos sociales que demandaban cambios en la legislación penal y civil para derogar toda norma discriminatoria. La tradición de los círculos de amigos se mantuvo con citas como la protagonizada en Tánger por Paul Bowles y varios representantes de la generación beat, seducidos por el encanto de lo exótico, de la periferia de Occidente. La asunción de sus objetivos por los partidos políticos más progresistas en el ámbito occidental ha propiciado algunos hitos tan recientes como la promulgación de leyes de matrimonio.



Paralelamente, la subcultura gay ha sido asimilada por el mainstream institucional y comercial, y sus aportaciones, caso de las obras plásticas de Gilbert&George o Pierre et Gilles, se han convertido en iconos del homoerotismo, desprovistos de de su aliento subversivo. A mediados de los 80, llegó la pandemia del sida y, una vez más, los homosexuales han debido enfrentarse a un nuevo azote, el derivado de la intolerancia religiosa y social.

2006/10/27

> Saiakera: "GAYS Y LESBIANAS. VIDA Y CULTURA" > LA ENCICLOPEDIA ROSA

  • La enciclopedia rosa
  • Aparece, en castellano, el exhaustivo estudio 'Gays y lesbianas' coordinado por Robert Aldrich
  • El Diario Vasco, 2006-10-27 # M.L.
Es la Wikipedia rosa, la gran enciclopedia del mundo homosexual». Así se refiere Urbano Hidalgo, subdirector de la revista Zero a Gays y lesbianas. Vida y cultura. Un legado universal, un exhaustivo estudio de casi cuatrocientas páginas y profundamente ilustrado sobre la historia y la realidad de los homosexuales en el mundo. El sello donostiarra Nerea lo publica en español al tiempo que aparece en el ámbito anglosajón.

Ha sido coordinado por Robert Aldrich, catedrático de Historia Europea de la Universidad de Sidney, autor de varios estudios y ensayos sobre la realidad de los homosexuales y coordinador de trabajos colectivos como Quién es quién en el mundo y la historia gay y homosexual.

El libro coordinado por Aldrich recorre en efecto la historia de las mujeres y hombres deseosos de la intimidad física y emocional con personas de su mismo sexo.

Una historia consustancial al ser humano, por lo común maltratada pero merecedora hoy de una asombrosa proliferación de estudios, de nuevas y distintas vías de investigación que cuestionan viejos supuestos.

"Gays y lesbianas. Vida y cultura" recoge estas investigaciones y conforma un amplío fresco en el que historiadores de nueve países analizan las relaciones entre personas del mismo sexo a lo largo de los siglos, reflejando según sus editores «el cambio de actitudes experimentado con respecto a la homosexualidad y la paulatina aparición del concepto de autoidentidad».

2006/10/08

> Saiakera: "GAYS Y LESBIANAS. VIDA Y CULTURA", A CARGO DE ROBERT ALDRICH

  • Gays y lesbianas en la historia
  • Historiadores de nueve países analizan las relaciones entre personas del mismo sexo a lo largo de los siglos
  • Trece historiadores de nueve países diferentes, bajo la dirección de Robert Aldrich, han colaborado en esta obra que muestra una visión general de la historia de la que ha surgido la rica y variada cultura gay y lésbica actual.
  • El País, Domingo gehigarria, 2006-10-08 # Varios autores
En el verano de 1969 se formó en Nueva York una organización política llamada Gay Liberation Front (GLF, Frente de Liberación Gay) como resultado de un encuentro entre la vida gay y la cultura política radical de la Nueva Izquierda. A finales de junio del mismo año, una redada policial en Stonewall Inn, un bar de copas de Nueva York, había desatado una revuelta encabezada por travestidos que duró varios días, un hecho sin precedentes en la historia gay. Sin embargo, el incidente se inscribe dentro del contexto general de enfrentamientos entre la policía y los radicales emergentes, tales como los Black Panthers (Panteras Negras), las activistas feministas y los pacifistas, que aparecían con relativa frecuencia.

El Frente de Liberación Gay se había creado unas semanas después de los acontecimientos de Stonewall, y al estar influido por los principios y el discurso de otras formas de radicalismo, proporcionó un medio de expresión a una nueva generación que rechazaba la política y el orden social de la posguerra y que estaba dispuesta a echarse a la calle para manifestar su descontento (como había ocurrido un año antes en París y en muchas ciudades estadounidenses). Los movimientos juveniles buscaban la autenticidad, la sensualidad y la vida en común, y se rebelaban contra lo que consideraban marginación social producida por una sociedad burocrática y consumista. Estos hombres y mujeres jóvenes se negaron también a que la familia nuclear, con las funciones que acarreaba y la sumisión a la autoridad que encarnaba, los maniatara por la fuerza.

La experiencia compartida de varias sociedades occidentales con respecto a los importantes cambios culturales en curso y a la agitación política del momento explica en parte la rapidez con la que adoptaron el modelo que ofreció el Frente de Liberación Gay. En Gran Bretaña, unos jóvenes que habían formado parte del movimiento hippy americano, de los Panteras Negras y de la Gay Activist Alliance (Alianza de Activistas Gays) formaron en octubre de 1970 una asociación a la que pusieron el mismo nombre. En ese mismo año se estableció en París el Front Homosexuel d'Action Révolutionnaire (FHAR); en agosto de 1971 se creó el Homosexuelle Aktion Westberlin alemán, y unos meses más tarde apareció en Italia el Fronte Unitario Omosessuale Rivoluzionario Italiano (su acrónimo FUORI significa también fuera). Organizaciones similares fueron creadas en Canadá, Australia y otros países europeos.

La situación alemana constituye un buen ejemplo del clima general presente en aquellos tiempos. En 1970, Rosa von Praunheim (nombre que utilizaba cuando se vestía de mujer), desconocedor de los movimientos de la época en Estados Unidos, hizo una película cuya censura desencadenó la formación del movimiento de derechos gay de la región. Nicht der Homosexuelle ist Pervers, sondern die Situation in der er lebt (No es malsano el homosexual, sino la situación en la que se le obliga a vivir) es la historia de un hombre joven de provincias que se muda a Berlín y se abre camino a través de la subcultura gay, conociendo a numerosos personajes presentados de forma negativa y afectados adversamente por las circunstancias en las que les toca vivir (los actos homosexuales siguieron siendo ilegales según el párrafo 175 del Código Penal alemán, y la homosexualidad, objeto de desaprobación generalizada). Al final, el protagonista encuentra su liberación personal en una comuna gay, cuyos miembros le enseñan a admitir públicamente su propia homosexualidad y a entender que el verdadero problema no está en sus tendencias sexuales, sino en la homofobia que se consiente socialmente.

Tema clave
La liberación se convirtió en un tema clave de estos movimientos, pues implicaba una determinada visión de la naturaleza, examinaba las causas de la homofobia, esgrimía los argumentos que había que utilizar en su contra y los medios por los que se podía combatir. Mientras que los homófilos eran partidarios de un enfoque integracionista, los frentes de liberación gay adoptaban una perspectiva política muy diferente, basada en el análisis integral de las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales, enormemente influida por el marxismo y la crítica marxista del psicoanálisis. Las causas de la homofobia eran inherentes a la clase media y a la ética capitalista: el racismo, el imperialismo y la represión sexual eran expresiones e instrumentos de explotación que se utilizaban contra un grupo social. Por consiguiente, para la lucha se consideraron esenciales las alianzas con otros grupos oprimidos (la clase trabajadora, la mujer y las minorías étnicas). Si el sistema completo (la clase dirigente) era la raíz de la opresión, los homosexuales no podían alcanzar la liberación reclamando su propio espacio; de hecho, las zonas de tolerancia creadas en algunas ciudades provocaron críticas, pues se consideraron guetos que debían abrirse y liberarse. En cambio, el objetivo de los liberacionistas gays fue el de transformar el conjunto de la sociedad.

Aunque había diferencias entre los movimientos que buscaban ante todo un tipo de transformación cultural (como sucedía en Estados Unidos) y aquellos para los que era más fuerte la tradición revolucionaria (como en Francia y Alemania), todos compartían un principio básico: "Es demasiado tarde para el liberalismo" -es decir, era demasiado tarde para esperar la inserción en la sociedad a través de peticiones educadas de reforma.

El orden liberal y de clase media se enfrentó, por tanto, al desafío de uno de sus preceptos más esenciales: la distinción entre lo público y lo privado. El eslogan "lo personal es político" expresaba confianza en la capacidad transformadora de manifestar en público el auténtico y privado ser de uno mismo; entre los homosexuales, esto significaba revelarse abiertamente, destaparse. Para las generaciones anteriores, la expresión había tenido el significado de darse a conocer a otros homosexuales dentro de una esfera pública alternativa, y, sin embargo, ahora condensaba la necesidad de afirmar la propia identidad en la esfera pública oficial, negando así una diferencia que existía entre los papeles público y privado. "La locura del armario debe terminar", escribió el activista Carl Wittman en su Gay Manifesto (1969): el armario era un emblema de opresión, una interiorización de la homofobia que sólo se podía derrumbar si uno se destapaba y declaraba su postura.

Para los liberacionistas gays, el acto sexual en sí era revolucionario: según Guy Hokquenghem, filósofo francés y uno de los líderes del FHAR, el patriarcado se fundó en el contraste entre el poder público del falo y la privatización del ano. Por tanto, liberar el ano a través de la sexualidad masculina era socavar los fundamentos de las relaciones sociales patriarcales. Para el escritor y activista Mario Mieli, los gays desafiaban los mismos conceptos de heterosexualidad y masculinidad al travestirse y ser penetrados, y contribuían así a la liberación de la raza humana. Para el científico político australiano Dennis Altman, la sexualidad gay masculina ofrecía la posibilidad de existencia de nuevas configuraciones de relaciones sociales. La ideología y el estilo de la liberación gay llegó a ser provocativo, efusivo y en ocasiones gracioso: "Ponerse maquillaje es un estilo de vida", gritaban los gazolines franceses, un grupo situacionista unido estrechamente al FHAR y a los herederos de los folles, estigmatizados diez años antes por Baudry y los homófilos franceses. Y añadían: "Montaremos las próximas barricadas vestidos de traje de noche".

Actividades públicas
Las actividades públicas de los liberacionistas gays eran provocadoras en sí mismas y constituían una ruptura con respecto a la práctica anterior. Un ejemplo de ello es la primera aparición pública importante del recién formado FUORI, que se celebró en abril de 1972 en San Remo, en una conferencia del Centro Italiano de Sexología, dedicado a las causas de la homosexualidad y a las terapias para vencerla. Entre sus insignes invitados se encontraba el psiquiatra británico Philip Feldmann, defensor de la terapia de aversión mediante el tratamiento de descargas eléctricas. Fuera del edificio protestaron cuarenta manifestantes, mientras que dentro, algunos activistas solicitaron dirigirse a la asamblea. Ante unos asistentes estupefactos, el presidente de FUORI, Angelo Pezzana, comenzó declarando: "Soy homosexual y estoy feliz de serlo".

El auge de los movimientos de liberación gay finalizó al cabo de unos años, al desaparecer el radicalismo político a partir de la segunda mitad de los años setenta. La convicción que tenían al principio de que la revolución era inminente (una revolución en la que los gays y las lesbianas solamente tendrían que subirse al tren) fue perdiendo fuerza. Además, los movimientos gays se enfrentaron a serios problemas de organización en todos los lugares y, sobre todo, tropezaron con el problema de definir su propia identidad. Ésta había sido un factor esencial en el funcionamiento de la lucha contra la opresión, y aglutinador de cara a la movilización colectiva. Sin embargo, aunque el reclamo de esa identidad dio vigor durante muchos años a las fuerzas que luchaban por el cambio, también propició la disolución de alianzas incómodas e impulsó su fragmentación en programas cada vez más específicos. Esto se manifestó de forma patente, por ejemplo, en Estados Unidos, donde los homosexuales afroamericanos creían que el movimiento no ofrecía lo suficiente a aquellos individuos oprimidos no sólo por su sexualidad, sino también por el color de la piel. En casi todos los lugares, las lesbianas se mostraron descontentas por ser apartadas de la mayoría de los grupos feministas y, a la vez, desilusionadas por el movimiento gay misógino y centralizado. La decepción dio lugar a la necesidad de nuevas teorías del lesbianismo, a la aparición de la lesbiana feminista, e incluso contribuyó a la idea del separatismo lésbico.

El declive de los movimientos de liberación gay llevó a su desintegración en una multiplicidad de ideologías, grupos y tendencias. No obstante, los liberacionistas hicieron hincapié en la salida del armario y en la destrucción de la barrera entre el yo privado y el yo público como parte de la lucha contra la homofobia. Como tal, su legado reflejó cambios generales que habían tenido lugar en la vida de gays y lesbianas, cambios que garantizaron que los objetivos y métodos de los movimientos de liberación gay de los años setenta fueran profundamente distintos de los movimientos homófilos de los años cincuenta.

El menor entusiasmo por el cambio político, hasta entonces característico de la liberación gay, había dejado el campo abierto para otro tipo de militancia: la de los llamados grupos activistas. Aunque ya existían en algunos lugares en los vertiginosos días del radicalismo de la década de 1970, los grupos activistas se multiplicaron considerablemente en los años posteriores. El más importante, la Alianza de Activistas Gays, se creó cuando un grupo disidente se separó del Frente de Liberación Gay. Su programa político, al igual que el de otras organizaciones semejantes, era bastante extenso: cambios en la legislación de los derechos civiles (incluida la despenalización de los actos homosexuales en los países donde todavía seguían siendo ilegales) y fomento de un trato más favorable de los homosexuales en los medios de comunicación. Hacían también especial énfasis en la salida del armario y en el lenguaje del orgullo y la autoafirmación, con ocasionales participaciones en protestas rebeldes y furiosas.

Sin embargo, los activistas gays se diferenciaban claramente del movimiento de liberación gay en al menos dos aspectos. En primer lugar, el programa de los activistas se centraba exclusivamente en los gays y lesbianas, más que en un intento de provocar una revolución social y política total. En segundo lugar, las organizaciones estaban bien estructuradas según unas líneas más tradicionales (en vez de ser frentes, colectivos y otras alianzas vagas), y sabían cómo relacionarse con el sistema político de manera eficaz -algo fundamental-, estableciendo grupos de presión que se implicaban en las campañas electorales, influyendo sobre determinadas causas, reclutando miembros y utilizando los medios de comunicación para promover sus fines. Los grupos de activistas perseguían también a otras instituciones, como las asociaciones profesionales, que consideraban partícipes de la opresión, consiguiendo resultados significativos: por ejemplo, en Estados Unidos, los activistas alcanzaron una importante victoria en 1973, cuando la Asociación Psiquiátrica Americana borró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, y cuando dos años después lograron convencer a la Comisión de Administración Pública estadounidense de que eliminara la prohibición de contratar a trabajadores federales gays y lesbianas, en vigor desde la década de 1950. (...)

Homofobia
A pesar de los avances logrados en los años sesenta y setenta -al menos en algunos países-, el movimiento por los derechos gays no ha acabado con los prejuicios antihomosexuales ni ha modificado la cultura heterosexual dominante. Los cambios en la legislación civil y penal de ciertos países pueden haber conducido a una discriminación menos oficial, pero como realidad social persiste. Desde finales de la década de 1960 se han abolido las leyes penales contra los varones homosexuales en Gran Bretaña, Alemania, los Países Bajos, Francia, España y otros muchos Estados europeos. La Unión Europea, por su parte, ha prohibido la legislación antihomosexual y respalda las políticas contrarias a la discriminación en los lugares de trabajo. No obstante, incluso en los Países Bajos, cuya sociedad está considerada por muchos como la más tolerante del mundo, siguen estando extendidas las actitudes antihomosexuales y la violencia homófoba. A pesar de que las nuevas generaciones han crecido en una cultura respetuosa con la homosexualidad y la heterosexualidad, muchos jóvenes (principalmente varones) albergan todavía prejuicios contra los homosexuales y actúan en consecuencia, perpetrando desde el asesinato hasta formas más encubiertas de acoso, por ejemplo, en círculos políticos e intelectuales. (...)

A comienzos del año 2004 fue noticia en toda Francia la mutilación de un gay en su jardín a manos de unos jóvenes, lo cual dejó clara la necesidad de fomentar la igualdad de derechos tales como el matrimonio para acabar con esa discriminación. No hay datos fidedignos sobre este tipo de sucesos, pero en todo caso parece que los gays se enfrentan a altos niveles de acoso verbal y físico. En los patios de los colegios siguen oyéndose con frecuencia insultos contra los homosexuales, y la discriminación, ya sea explícita o implícita, persiste en las familias, en los lugares de trabajo y en los ámbitos de la sanidad y el ocio. Se les niegan los ascensos en el trabajo y se discrimina o desatiende a sus compañeros, al tiempo que muchas regulaciones referidas a la vivienda, la sanidad, los seguros o las pensiones no abarcan a los homosexuales o a sus parejas. En el ámbito laboral, los homosexuales han de hacer frente a un techo de cristal semejante al que sufren las mujeres, y los tópicos heterosexistas de la sociedad (los gays y las lesbianas son considerados heterosexuales hasta que se demuestre lo contrario) plantean un problema persistente. (...)


Desde la década de 1960, los países europeos han ido despenalizando la homosexualidad, y en la actualidad ya ningún Estado la prohíbe explícitamente. También se ha despenalizado en países como Australia y Suráfrica. En 1989, el Tribunal Supremo de Estados Unidos decidió mantener las leyes antisodomíticas, en medio de grandes protestas. En 2003, sin embargo, anuló la decisión anterior en una resolución que marcó todo un hito al declarar inconstitucional la penalización de los actos homosexuales.


Gays y lesbianas. Vida y cultura. Editorial Nerea
Desde la Grecia y Roma clásicas hasta las actuales cuestiones de los derechos gays, el sida y los matrimonios civiles, el libro se adentra además en otras culturas no occidentales y descubre la variedad de relaciones entre personas del mismo sexo documentada a lo largo de la historia y en todo el mundo. De este estudio, que sale el día 17, publicamos un extracto de los capítulos de Domenico Rizzo y Gert Hekma.

2006/10/01

> Saiakera: "GAYS Y LESBIANAS. VIDA Y CULTURA", A CARGO DE ROBERT ALDRICH

  • Gays y lesbianas, vida y cultura : un legado universal / Robert Aldrich (ed.). – San Sebastián : Nerea, 2006-10. – 384 or. – ISBN 84-96431-19-3

Desde tiempos inmemoriales, en todo el mundo ha habido mujeres y hombres deseosos de intimidad física y emocional con personas de su mismo sexo. La historia de estas personas, durante muchos años olvidada, borrada, ignorada o reescrita, ha pasado a ser recientemente el foco de una asombrosa proliferación de estudios. Se han abierto nuevas y distintas vías de investigación y cuestionado viejos supuestos. Gays y lesbianas. Vida y cultura. Un legado universal se hace eco de estas investigaciones para presentar una sugerente y reveladora reflexión sobre lo que hasta hace poco se podría haber denominado historia secreta. En este amplísimo fresco, historiadores de nueve países analizan las relaciones entre personas del mismo sexo a lo largo de los siglos, reflejando el cambio de actitudes experimentado con respecto a la homosexualidad y la paulatina aparición del concepto de autoidentidad. Desde la Grecia y Roma clásicas hasta las actuales cuestiones de los derechos gays, el sida y las uniones civiles, el libro se adentra además en otras culturas no occidentales y nos descubre la gran variedad de relaciones entre personas del mismo sexo documentada a lo largo de la historia y en todo el mundo. Partiendo de memorias, cartas, archivos y obras artísticas y literarias, se analiza y detalla desde la poesía homoerótica persa hasta las historias de mujeres que se travestían en la Italia del siglo XVIII, y desde las delicias desenfrenadas y hedonistas del Berlín del periodo de entreguerras hasta los conceptos de tercer género en Asia y la Norteamérica nativa. El legado que nos han dejado estos hombres y mujeres ha influido en las actitudes contemporáneas hacia la sexualidad y afecta todavía hoy a la forma de vivir de muchas personas. La presente obra muestra por primera vez una visión general íntegra de la historia de la que ha surgido la rica y variada cultura gay y lésbica actual.